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Inspiración Ser + Social

“Sharenting”: un término que te interesa conocer si te mueves por las redes y tienes hijos

Estamos rodeados de términos que, en muchos casos desconocemos, pero que definen nuestro comportamiento en las redes. ¿Has oído hablar del “sharenting“? Se trata de un anglicisimo compuesto por dos palabras: “sharing” y “parenting” y que se relaciona con la cantidad de fotos que compartimos sobre el entorno familiar y sobre los más pequeños de la casa. Y este término está estrictamente ligado con la reputación digital. Todas las personas que participamos en las redes o en internet, tenemos una reputación digital.

Hay una frase que me encanta porque define muy bien y de forma sencilla qué es esto de la reputación digital: “eres lo que internet dice que eres”. ¿Lo has pensado alguna vez? Yo un montón de veces. Me di cuenta un día, hablando con una persona que  compartió conmigo su interpretación sobre cómo yo era y cómo era mi vida tras haber consultado mis perfiles sociales. Perfiles que en realidad muestran lo que yo publico. Claro que, una cosa es lo que tú publiques y con qué intención  lo hagas y, otra muy diferente, cómo se perciba e interprete. Independientemente de ello, estás creando una reputación digital cuando decides compartir lo que sea en internet bajo tu nombre e identidad. Y esa reputación digital no tiene que por qué ser la que tú proyectes, sino más bien la que se interpreta de lo que tú proyectas. Lo mismo le ocurre a las marcas.

El otro día, ordenando los armarios, me encontré con un montón de recuerdos: fotos, cartas, notas de clase, felicitaciones de cumpleaños… Con esa caja en mis manos, sentí tener un tesoro. Sentí poseer un pedacito de mi vida, de mi pasado pero, sobre todo, sentí poseer algo que solo me pertenecía a mí y a nadie más. Nadie más sabe lo que hay en esa caja, porque en esa caja lo que hay es una parte de la historia de mi vida y que, al fin y al cabo, solo a mí me pertenece. ¡Qué bonito es sentir que tienes un tesoro! ¿Un tesoro o privacidad? Vaya… se han entrelazado dos términos muy curiosos. Hace algunos años, habría pensado que tener privacidad era lo más normal del mundo y, ¿ahora? Pues ahora… casi casi, es un tesoro.

caja de recuerdos

Imagínate ir a buscar trabajo y que la persona que te ha entrevistado ya haya podido acceder a tus fotos de cuando eras pequeño y comías con la familia o te bañabas en la playa. Que ya sepa dónde pasabas los veranos y cómo llevabas el pelo en plena pubertad, ese pelo que te parece tan ridículo y que no volverías a llevar y que prefieres enterrar en el baúl de los recuerdos. Imagínate empezar con un chico o una chica una relación y que ya sepa toda tu vida, es más, más que saber, que ya haya interpretado cómo eres tú y tu familia porque, amigos, ¡todos interpretamos lo que vemos! Y hemos quedado en que eso era la reputación digital, ¿verdad? Parecen tonterías a priori, pero pongámonos serios, es nuestra privacidad. Como adultos nos corresponde ser libres pero también respetar la libertad de los pequeños y, sobre todo, velar por ellos.

Nos hemos acostumbrado a encontrar fotos de todo tipo en las redes sociales, a ser conocedores de la vida de los demás incluso aunque no les conozcamos, a encontrar información sin haber hecho amago de querer buscarla e, incluso, a sentirnos identificados con personas que hasta el momento eran anónimas para nosotros.  Nuestra vida ha cambiado y los hábitos también.

Ahora bien, me parece de vital importancia ser conscientes de qué contenido compartimos en las redes y qué alcance o consecuencias puede conllevar compartir el entorno familiar en el que los más pequeños están siendo protagonistas sin ellos saberlo porque todavía no poseen la capacidad de decidir si quieren o no estar expuestos al público.

Desde la admiración que siento por las personas que son padres, sabiendo el esfuerzo que ello supone, la dedicación y el amor, planteo esta pregunta… ¿sabes que si publicas fotos de tus hijos desde que son pequeños ya estás creando su reputación digital?

Las estadísticas apuntan datos tan sorprendentes como que en Estados Unidos, la media de fotos publicadas de un niño hasta los 5 años es de 1.000 imágenes. Y el 92% de los menores de 2 años ya tienen una identidad digital creada ¿No te parece increíble? Me gustaría invitarte a hacer una reflexión: tus decisiones del presente, el mostrar lo que hace o no tu hijo, ¿no crees que puede marcar su futuro? Cuando publicas una imagen, pasa a ser de uso público porque así lo has aceptado en los términos y las condiciones al crear una cuenta en redes y CUALQUIERA puede hacer uso de dicha foto.

¿Qué ocurre con la privacidad de los menores? ¿Es un derecho perdido que ya no les corresponde? Cuando el menor alcance la edad idónea para abrir sus propios perfiles sociales y empezar a interactuar con otras personas, ya habrán sido publicadas miles de fotos de él o de ella sin su consentimiento donde muchas personas, también desconocidas, habrán podido crearse una imagen “ficticia” de ellos.

Las redes tienen un vacío legal sobre este tema, por eso tenemos que ser nosotros, los adultos, los que velemos por su privacidad y les otorguemos la posibilidad de construir su propia identidad digital, de compartir fotos si así lo desean o simplemente de tener perfiles sociales, si es que quieren tenerlos. La misma oportunidad que, en su momento, hemos tenido nosotros. Un poder de decisión que nos corresponde y es más, la libertad que todos merecemos. Por supuesto, los padres también tienen derecho a compartir esta bonita etapa de su vida.

Hagamos un ejercicio práctico, ¿qué diferencias encuentras entre estas dos imágenes? ¿No crees que trasmiten sensaciones realmente similares y en una de ellas, sin mostrar la cara del peque?

buenas practicas_sharentingBasado en este ejemplo, se me ocurren algunas ideas para publicar tus fotos puntuales en las que aparezcan mención a tus hijos. ¡Y son igual de bonitas!

buenas prácticas_sharenting

sharing_buenas practicas2

El sharenting existe porque para los padres, sus niños son su mundo y muestran con orgullo e ilusión los pasos que van dando junto a ellos. Y esto es comprensible, igual que yo publico imágenes de mis viajes o de los sitios que me suscitan interés. En realidad el fin es el mismo. Solo que, al tratarse de menores, debemos ser conscientes de los entresijos que tienen estas prácticas y, a partir de saberlos y conocer la realidad, poder tomar la decisión de qué es lo que realmente queréis para ellos.

Un estudio indica que los padres comparten un 56% de contenido que a sus hijos les parece embarazoso. Me entra la risa (y algo de vergüenza) de pensar que mis padres hubieran compartido esos míticos momentos que he protagonizado en la privacidad de mi familia. Me gusta pensar que son nuestros y que, ahora, estoy escribiendo este blog sin que un montón de imágenes y comentarios me persigan.

Los adolescentes son todavía pequeños para algunas cosas, pero a partir de cierta edad tienen criterio y opinión propia y el contenido que comparten los padres también les puede comprometer en su vida personal y en su rutina, en sus relaciones. Pongámonos en el lugar de ellos, como lo hacéis en el resto de ámbitos de su vida. Porque de sobra sé que para vosotros son lo más importante y queréis lo mejor para ellos ❤️.


 

sharenting y buenas prácticas

  • ¿Eres padre o madre y quieres saber cómo llevar este tema con respecto a tus hijos?
  • ¿Quieres conocer más sobre el “sharenting”?
  • O bien, ¿quieres aprender sobre la reputación digital para aplicarlo a la educación de tus hijos y ofrecerles un buen asesoramiento sobre el uso de las redes sociales?

🔺  Puedes ponerte en contacto conmigo a través del formulario y contarme tu caso. Seguro que encuentras la manera de tener una vida familiar sana y basada en el respeto a través de las buenas prácticas en las redes sociales.

 

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